martes, 12 diciembre, 2017
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No queramos correr antes de andar

No queramos correr antes de andar

El sábado por la mañana los valencianos pudimos volver a disfrutar, un año después, de un derbi entre el Valencia Club de Fútbol y el Levante Unión Deportiva, una rivalidad que se ha recrudecido durante los últimos años a causa de la mejoría del Levante en el aspecto deportivo y su asentamiento (no sin tropiezos) en la élite del fútbol patrio.

El partido, que acabó con tablas en el marcador, puso de manifiesto varias cosas acerca del Valencia CF. En primer lugar, se confirma que el Valencia vuelve a la senda de lo que tiene que ser: nada de artificios, de juego de toque o de intentar inventar la gaseosa. Todos clamábamos por un equipo bronco y copero que estuviera construido desde atrás y que nos devolviese a pelear por los grandes tras años sufrir remontadas y sangrías en defensa. De momento, llevamos una victoria y 3 empates, números que pueden parecer engañosos pero que, si tenemos en cuenta a los rivales (Las Palmas el año pasado te endosó cuatro goles; el Real Madrid viene de ganar Liga, Champions y las dos Supercopas; el Atlético lleva ya un lustro codeándose con los gigantes del continente y el Levante en el Ciutat de València ha sido un equipo imposible en los últimos años) la cosa no parece estar tan mal. Lo cierto es que estos cuatro partidos que llevamos hasta ahora son los típicos que durante las dos últimas temporadas se traducían en disgustos, malos tragos o derrotas inesperadas.

Con Marcelino parece haberse recuperado la identidad que ha acompañado al Valencia durante los mejores momentos de su historia y sin duda su profesionalidad y buen hacer han calado en el renovado vestuario del Valencia (no olvidemos las más de 15 salidas que se han producido, amén de las 7 entradas destinadas a reforzar el equipo). Todo un logro que deberíamos valorar en su justa medida. Sin embargo, estos últimos partidos también han sacado a la luz un problema que los seguidores blanquinegros han señalado desde el minuto en el que se cerró el mercado de fichajes: la falta de gol.

No es ningún secreto que los delanteros con los que cuenta ahora mismo el Valencia no son maquinas goleadoras: Rodrigo lleva ya aquí tres años y todos sabemos de sus limitaciones de cara a puerta. Zaza hizo seis dianas el año pasado en la segunda vuelta de la temporada, pero hasta el momento ha destacado sobre todo más por su actitud en el verde que por sus números como goleador. Por último, Mina, fichado cuando Lim intentó hacer de esto un criadero de mejillones, tampoco ha destacado más que cualquier otro jugador que hayamos tenido arriba los últimos años. Estos problemas en la delantera han sido la comidilla del último mes, y el tema terminó de explotar el sábado con el empate ante el Levante a raíz de la falta de peligro en el área del combinado granota. Sin embargo, y aunque coincido con que la falta de gol puede resultar un problema (uno muy grande en un juego donde gana quien mete más goles), creo que deberíamos tener varias cosas en cuenta antes de echarnos las manos a la cabeza.

En primer lugar, debemos ser conscientes de dónde venimos: la temporada pasada, a pesar de que ahora lo tengamos muy lejos, el riesgo de descender fue muy real para muchos de nosotros, llegando a estar en diciembre solamente un punto por encima del descenso, con clubes como Las Palmas o el Celta humillándote en tu estadio y con sendas crisis deportivas (dimisiones de entrenador y director deportivo), sociales (¿es necesario recordar las manifestaciones en Mestalla pidiendo la salida de Lim?) e institucionales (dirigentes sin idea de fútbol superados hasta por la renovación de un juvenil). La temporada pasada, el Valencia recibió 65 goles en contra, una losa que impediría a cualquiera clasificarse para competición europea, como así declaró el propio Marcelino al llegar al Valencia. La prioridad, pues, era reconstruir el Valencia desde abajo, como tan bien le fue durante la primera década del presente siglo, para después solucionar otros problemas. En eso se centraron los principales fichajes (dos centrales, dos mediocentros) y esa es la senda por la que hay que seguir, porque repito, aunque quede lejos, no hace tanto de salir humillados de Mestalla por equipos que hasta hace unos años ni soñaban con hacernos frente.

En segundo lugar, creo que es justo decir que la entidad ha buscado solucionar esa falta de gol desde hace ya un tiempo. Tras la espantada de Alcácer (que ya no va ni convocado con el Barcelona), el club se hizo con la cesión de Munir, quien no justificó el pagar 12 millones por él. Tras esto, el club decidió invertir una gran cantidad de dinero (16 millones + variables) en el delantero Zaza, del que ya hemos hablado arriba. Si a eso le sumamos la no explosión de Rodrigo (35 millones) y de Mina (10 millones) tenemos 61 millones de euros gastados en delanteros que no cumplen la función de goleador. Para paliar esto y satisfacer a Marcelino, el club ha traído cedido a Guedes y buscó hasta el último día de mercado la llegada de un delantero, cosa que no se consiguió. Con esto quiero decir que el problema no es que el club no haya buscado una solución a la delantera, sino que lo que ha traído para ello no ha resultado ser lo que esperábamos.

Dicho esto, creo que tenemos que relajarnos todos un poco. No hace ni un año el Valencia era el hazmerreír de la Liga: sin estilo de juego, sin entrenador, sin dirección deportiva, sin dueño, sin directiva… Y en solo un par de meses, Alemany, Alesanco y Marcelino han conseguido marcar la senda para que el club pueda salir de su enésima travesía por el desierto. Todos decíamos en verano que había que tener paciencia con la entrada de jugadores, sabedores de las dificultades y de la posición de debilidad del club en un mercado loco. El buen inicio de temporada (siempre mejorable, pero bueno a fin de cuentas) trajo la euforia de la parroquia che, y ahora parece que un partido regular implique que Carlos Soler o Montoya no hayan jugado bien desde el inicio de temporada (leído literal por Twitter). Tengamos paciencia con la delantera, disfrutemos de haber recuperado tan pronto el carácter y el estilo que nos vio triunfar en España y en Europa y apoyemos a Marcelino y su cuerpo técnico, porque hasta hace no mucho, no teníamos ni entrenador.

Acerca de José Fernando Carrero Martín

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